Se llama Ruth Flowers, tiene 69 años y es británica; hasta aquí todo normal. Un buen día, hace unos cuatro años esta señora acudió a una fiesta de cumpleaños de uno de sus nietos en una discoteca en Londres y se quedo prendada de la magia del ruido y las luces y de la energía de la juventud que allí estaba bailando al ritmo marcado por el pincha discos.
Tanto se quedó prendada que decidió hacerse disc jockey y tras cuatro años de formación hoy es una de las estrellas más solicitadas en el mundo de los pincha discos en media Europa.
Con infinidad de videos en youtube, una web propia (www.mamyrock.com), y propuesta de contratos para actuar en salas de fiesta y discotecas, Mamy Rock está a punto de lanzar su primer disco al mercado. Porque como Ruth dice en su web, “prefiero firmar un contrato con una discográfica que con una Residencia”.
Mamy Rock nos viene muy bien como ejemplo del debate nacional que se ha suscitado en el país sobre la necesidad de alargar la vida laboral, y quizás el gobierno debiera hablar con los representantes de la pincha discos para ayudar a vender a los ciudadanos esta impopular medida, aunque quizás el estilo musical no sea del agrado de los pensionistas.





























