Al igual que está ocurriendo con otros servicios públicos, es en los momentos de crisis cuando se realizan transformaciones que...
Al igual que está ocurriendo con otros servicios públicos, es en los momentos de crisis cuando se realizan transformaciones que, en situaciones de estabilidad serían inviables, lo hemos visto con el sistema de pensiones o la reforma laboral por citar dos ejemplos recientes y de plena actualidad.
En estos tiempos de pensamiento único, hay que reivindicar el potencial que tienen lo servicios sociales como generadores de empleo y riqueza, y por tanto, la importancia de abogar por su crecimiento y desarrollo, especialmente ahora, en una situación de crisis financiera y crediticia, donde todo gasto es cuestionado.
Pero este crecimiento no ha de hacerse a costa de incrementar exponencialmente las plantillas de las administraciones públicas como ha venido haciéndose en los últimos años. Tampoco es el momento de reivindicaciones sindicales que propugnan incrementos salariales que pudiendo ser justos, harían más inviable aún el sistema de servicios sociales. Ni, por otra parte, ha de ser la administración quien asuma la responsabilidad de ciertas inversiones desafortunadas, como se reivindica desde algunos lobbys empresariales.
Hay que redefinir entre todos cómo queremos que sea la atención a las personas en situación de fragilidad y, en consecuencia, decidir cómo se paga. El planteamiento es simple aunque la solución no sea fácil. Hay que ponerse manos a la obra cuanto antes.





























