Señoras y Señores, Ladys and Gentlemen, ... el circo va a comenzar.
Malabaristas, cómicos, domadores, equilibristas con y sin red, magos que nos harán ver lo que no existe y otros que nos ocultarán lo evidente, y fieras, muchas fieras. Todos van a desfilar ante Ustedes para que disfruten de la función con mucho chiste y mucha risa. Son las elecciones.
En grandes números, sobre un censo de 34 millones de electores, solo votarán 21. Lo interesante es que de ellos aproximadamente 9 millones serán personas mayores de 60 años. Son por así decirlo, el gran público y van a elegir al 43% de los representantes.
Más les vale a los artistas realizar actuaciones que sean capaces de satisfacer a esta zona de la grada. En medio de tanta risa y tanto pasarlo bien, resulta que hay muchos espectadores que ya no tienen ni pagar la entrada, que bastante tienen con pagar la otra entrada, la del piso de los hijos y las letras de la hipoteca.
En medio de tanta magia, los domadores se han olvidado de las fieras, y las muy bestias han empezado a comerse el presupuesto con una voracidad que parece no tener límites.
No se, pero a mí este circo me produce una sensación de melancolía. Me acuerdo de aquéllos shows en los albores de la democracia, donde los electores vivíamos la emoción de un niño en su primera función.
Ahora nos conformamos con que la función acabe pronto, y que las fieras no se escapen




























